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“El Laberinto Del Minotauro”

Tierra Santa

Un hambre atroz
recorre el alma
de un animal
que un día encerraron en un lugar
para que nunca escapara.
El animal,
mitad humano,
su hambre sació
devorando la juventud
que le ofreció un rey malvado.
Sabes muy bien
que es el castigo de un dios,
algo que nunca podrá detener
la humanidad de tu ser.
Éste es mi reino
que encierra mi libertad.
Éste es mi reino
del que nunca pude escapar.
Un joven audaz
pensó en matarlo,
por conquistar
el corazón de una mujer
y conseguir sus encantos.
Burló al guardián
del laberinto,
atravesó
su frontera y su valor
y liberó su destino.
Hoy es el día,
la muerte te hará libre al fin
y aunque desees luchar por vivir
hoy tu destino es morir.

Evidentemente, no he dispuesto así la entrada por casualidad. No es lo mismo leer la letra por separado, y más aún si nunca la has oído.  Una auténtica historiaza, ¿eh?

Tierra Santa es un grupo casi tan mitológico como sus letras. Y me parecen una buena forma de zambullirse en algunas de las andanzas de los dioses. Os contextualizo la historia.

Minotauro

Aterión el Minotauro. Su nombre significa “Toro de Minos”, y nació de una extraña unión entre Pasífae y un toro de buena estirpe. Todo ello por una afrenta divina, no por vicio.

Poseidón (Neptuno), regaló al rey de Minos un precioso toro blanco para que lo sacrificaran en su honor. Pero las cosas no son tan fáciles, éste quedó prendido por la hermosura del animal. Entonces, el día del sacrificio dio el cambiazo. Sacrificó a otro.

El desprecio enfureció al dios. Así que lo castigó.  Hizo que su mujer, Pasíafe, enloqueciera por el astado. Hasta tal punto llegó su amor que le pidió a Dédalo un disfraz de vaca para poder consumar con el toro. El engaño funcionó, y de él nació Minotauro: el toro de Minos.

Una vez nacido, lo encerraron en el famoso laberinto. Éste también fue diseñado por Dédalo, expresamente con el objetivo de retenerlo. Y es que, después de unos cuantos asesinatos, el pueblo dedujo que cabía la posibilidad de que se comiera a todo bicho viviente. Y como el miedo causa estragos, al laberinto con él.

Durante muchísimo tiempo, tanto hombres como mujeres, ¡viva la igualdad griega!, eran llevados al laberinto como sacrificio, con el único fin de alimentar a la bestia. Hasta que la vida del Minotauro, como muy bien cuenta Tierra Santa, se desvaneció en las manos del héroe Teseo.

La historia fue así:

Creta estaba en conflicto con Atenas. Se enfrentaron en una tremenda batalla, y finalmente triunfó Creta. Para colmar la victoria, la ciudad ordenó que les llevasen a 7 mujeres y 7 hombres como ofrenda y comida para el minotauro. Más lo segundo que lo primero.

¿Cómo decidir a quién mandamos? Mediante sorteo. Muy buen método, sí. En él salió el hijo del rey de Atenas, Teseo.

Tan valiente como siempre, prometió que iría y mataría al minotauro.

Teseo era muy conocido por los cuentos que se narraban de boca en boca. Así que cuando lo vio, una de las hijas del rey de Creta se enamoró perdidamente de él.

La joven decide sumarse a la aventura y ayudarlo para que consiga salir del laberinto. Le dio una cuerda para que marcase su trayecto a lo largo de los pasillos y así pudiese regresar.

Caminó y caminó hasta que con el minotauro se topó. Entonces empuñó su arma en el pecho del animal y se cebó. Al final, cómo no, consiguió volver con su enamorada.

Todas las letras de Tierra Santa

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